LOS SANTOS

¿Qué es la comunión de los santos?

Redacción de Saintly 9 min de lectura
Ilustración de una familia ante una pila bautismal y una vidriera de Cristo rodeado de santos
En resumen

La comunión de los santos es toda la Iglesia como un solo cuerpo en Cristo: los fieles en la tierra, los difuntos que se purifican en el purgatorio y los santos en el cielo, que comparten una misma vida y un mismo fondo común de bienes espirituales, ante todo la Eucaristía. Los santos del cielo rezan por nosotros, nosotros rezamos por los difuntos, y los tres estados se encuentran en cada Misa. Nada de esto le quita nada a Cristo, porque toda gracia que los santos transmiten viene de él.

La comunión de los santos es la Iglesia entendida como un solo cuerpo: los fieles en la tierra, los difuntos que se purifican y los bienaventurados en el cielo, todos unidos a Cristo y entre sí. Los católicos la profesan cada vez que rezan el Credo de los Apóstoles, justo después de «la santa Iglesia católica» y antes de «el perdón de los pecados».

La expresión hace dos cosas a la vez. Nombra una participación en las cosas santas, ante todo la Eucaristía, y una comunión entre personas santas que atraviesa la muerte. Este artículo explica las dos y lo que cambian en la práctica.

¿Qué significa «comunión de los santos»?

La comunión de los santos significa que todos los que son de Cristo forman un solo cuerpo y comparten una misma vida, de modo que los bienes de cada uno se comunican a todos. El Catecismo lo dice en una sola frase: «La comunión de los santos es precisamente la Iglesia» (CEC 946).

El artículo sigue directamente al anterior. Después de confesar «la santa Iglesia católica», el Credo añade «la comunión de los santos», y el Catecismo lee el segundo como una explicitación del primero, citando a un obispo de los primeros siglos: «¿Qué es la Iglesia, sino la asamblea de todos los santos?» (CEC 946).

Detrás de la expresión está el latín communio sanctorum, y sanctorum puede significar cosas santas o personas santas. El Catecismo conserva los dos sentidos. La expresión «tiene, pues, dos significados estrechamente relacionados»: «comunión en las cosas santas» y «comunión entre las personas santas» (CEC 948). Las cosas santas son la fe, los sacramentos y la caridad misma; las personas santas son todos los unidos a Cristo, vivos o muertos.

La consecuencia práctica es un fondo común. Citando a santo Tomás de Aquino, el Catecismo dice: «Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros» (CEC 947). El resumen al final de la sección dice lo mismo desde el otro lado: «lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos» (CEC 961).

¿Quiénes forman la comunión de los santos?

La forman tres grupos: los católicos que todavía están en la tierra, los difuntos que se purifican en el purgatorio y los santos en el cielo. La Iglesia los llama sus tres estados. No son tres Iglesias sino una sola, en distintos puntos del mismo camino.

El Concilio Vaticano II expuso el cuadro en su constitución sobre la Iglesia, y el Catecismo lo cita: de los discípulos del Señor, «unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados», y todos, «aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo» (CEC 954).

La muerte no rompe el vínculo. El Concilio enseñó que «la unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe», sino que «se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales» (CEC 955). El papa Pablo VI dijo lo mismo en su Credo del Pueblo de Dios, que el Catecismo cita como última palabra sobre el tema: «Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia» (CEC 962).

La pertenencia empieza en el Bautismo, que «es como la puerta por la que los hombres entran en la Iglesia» (CEC 950). Las dos fiestas de noviembre honran, una tras otra, los otros dos estados, y nuestro artículo sobre Todos los Santos y los Fieles Difuntos explica en qué se diferencian.

¿Dónde está la comunión de los santos en la Biblia?

La expresión como tal no está en la Escritura, pero la idea recorre el Nuevo Testamento: la Iglesia es un solo cuerpo en Cristo, los miembros comparten las alegrías y los sufrimientos de los demás, y los que murieron en Cristo siguen siendo parte de la familia.

El texto central es el de Pablo sobre el cuerpo de Cristo: «Si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro» (1 Cor 12, 26-27). Los primeros cristianos lo vivieron desde el principio: «perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones» (Hch 2, 42).

La carta a los Hebreos extiende el cuerpo más allá de la muerte. Tras enumerar a los fieles del Antiguo Testamento, dice: «teniendo una nube tan ingente de testigos», «corramos, con constancia, en la carrera que nos toca» (Heb 12, 1). El Apocalipsis muestra a los ancianos del cielo con «copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos» (Ap 5, 8). Y el segundo libro de los Macabeos llama a la oración por los muertos una idea «piadosa y santa» (2 Mac 12, 45), el pasaje que citan tanto el Concilio como el Catecismo al hablar del cuidado de la Iglesia por los difuntos (CEC 958).

¿Cómo nos ayudan los santos del cielo?

Los santos nos ayudan rezando por nosotros. Como están más íntimamente unidos a Cristo que nosotros, su oración por la Iglesia es constante, y la Iglesia la pide. Los católicos no rezan a los santos en lugar de a Dios; les piden a los santos que recen con ellos y por ellos.

La enseñanza del Concilio, citada en el Catecismo, es directa: «No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra». El pasaje termina: «Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (CEC 956). En su sección sobre la oración, el Catecismo añade que los santos «contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquéllos que han quedado en la tierra». Su conclusión: «Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero» (CEC 2683).

Dos santos dijeron lo mismo en su lecho de muerte, y el Catecismo los cita uno junto al otro. Santo Domingo dijo a sus frailes: «No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida». Santa Teresa de Lisieux dijo: «Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra» (CEC 956).

Pedir la oración de un santo no es distinto, en el fondo, de pedir la de un amigo. La Escritura manda a los cristianos: «rezad unos por otros», porque «mucho puede la oración insistente del justo» (Sant 5, 16). Nuestra guía para elegir un santo patrón explica cómo tomar a uno de ellos como compañero particular.

¿Cómo podemos ayudar a las almas del purgatorio?

Ayudamos a los difuntos rezando por ellos, pidiendo que se ofrezca una Misa por ellos, dando limosna y ganando indulgencias en su favor. Es la comunión de los santos en la otra dirección: los vivos ayudan a los que ya no pueden ayudarse a sí mismos.

El Catecismo describe la práctica como algo que pertenece a la fe desde el origen. «Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico», y además «recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos» (CEC 1032). La Misa se ofrece por los fieles difuntos «que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados», y el Catecismo lo ilustra con la última petición de santa Mónica a su hijo Agustín: «solamente os ruego que, dondequiera que os hallareis, os acordéis de mí ante el altar del Señor» (CEC 1371).

La ayuda va en los dos sentidos: «Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor» (CEC 958).

La doctrina de las indulgencias descansa en la misma idea. En la comunión de los santos, dice el Catecismo, «existe entre los fieles, tanto entre quienes ya son bienaventurados como entre los que expían en el purgatorio o los que peregrinan todavía en la tierra, un constante vínculo de amor», y en este intercambio «la santidad de uno aprovecha a los otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás» (CEC 1475). Nuestros artículos sobre el purgatorio, sobre cómo rezar por los difuntos y sobre qué es una indulgencia tratan cada una de esas partes.

¿Por qué importa la Eucaristía para la comunión de los santos?

La Eucaristía es donde la comunión de los santos se hace más plenamente real. Es la más santa de las cosas santas a las que se refiere la expresión, y en cada Misa la Iglesia de la tierra se une a la Iglesia del cielo y reza por la Iglesia del purgatorio.

El resumen del Catecismo dice que la expresión designa primeramente las «cosas santas» (sancta), «y ante todo la Eucaristía», «que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo» (CEC 960). Citando el Catecismo Romano, dice que el nombre de comunión es más propio de la Eucaristía que de cualquier otro sacramento, «porque ella es la que lleva esta comunión a su culminación» (CEC 950).

Los tres estados se encuentran en el altar. «A la ofrenda de Cristo se unen no sólo los miembros que están todavía aquí abajo, sino también los que están ya en la gloria del cielo». La Iglesia ofrece el sacrificio «en comunión con la santísima Virgen María y haciendo memoria de ella, así como de todos los santos y santas» (CEC 1370). El Concilio lo dijo del mismo modo: «al celebrar el sacrificio eucarístico es cuando mejor nos unimos al culto de la Iglesia celestial» (Lumen Gentium 50). Nuestro artículo sobre la Eucaristía explica lo que los católicos creen que ocurre en ese momento.

¿La comunión de los santos le quita algo a Cristo?

No. Los santos no tienen nada propio que dar; lo que transmiten, lo recibieron de Cristo. La Iglesia enseña que honrar a los santos y pedir su oración lleva a Cristo, no aparta de él, y que enriquece el culto que se debe solo a Dios.

El Concilio afrontó la objeción de frente. Nuestro trato con los bienaventurados, enseñó, «de ninguna manera rebaja el culto latréutico tributado a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu, sino que más bien lo enriquece copiosamente» (Lumen Gentium 51). El culto latréutico, o adoración, se da a Dios y nunca a una criatura. El Catecismo mantiene claro el orden: «la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios» (CEC 957).

Tampoco queda sustituido el único mediador. La Escritura dice que Dios es uno, «y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús» (1 Tim 2, 5), y el propio texto del Concilio sobre la intercesión de los santos cita ese versículo (CEC 956).

El Concilio también advirtió contra los excesos. El verdadero culto a los santos «no consiste tanto en la multiplicidad de actos exteriores cuanto en la intensidad de un amor activo», y los fieles deben buscar en los santos «el ejemplo de su vida, la participación de su intimidad y la ayuda de su intercesión» (Lumen Gentium 51). La misma distinción responde a la vieja pregunta de si los católicos adoran a María.

¿Cómo se vive la comunión de los santos?

Se vive tomando en serio los tres estados: reza por los vivos, reza por los difuntos y pide a los santos que recen por ti. Y ve a Misa, donde los tres están presentes a la vez.

Empieza por los vivos. El Catecismo dice que en esta solidaridad «el menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos» y que «todo pecado daña a esta comunión» (CEC 953). Reza, con su nombre, por las personas que te lo han pedido, y pide a otros que recen por ti.

Después, los difuntos. Ten una lista de los difuntos por los que debes rezar y llévala a Misa en noviembre. Pide que se celebre una Misa por tu padre, tu madre o tus abuelos en el aniversario de su muerte.

Después, los santos. Conoce la vida de tu patrón y la del santo cuya fiesta cae en tu cumpleaños. Pide a un santo su oración en una necesidad concreta, y plantéate una novena cuando la necesidad sea seria.

El Concilio resumió todo el artículo en una frase que el Catecismo repite: «Todos los hijos de Dios y miembros de una misma familia en Cristo, al unirnos en el amor mutuo y en la misma alabanza a la Santísima Trinidad, estamos respondiendo a la íntima vocación de la Iglesia» (CEC 959). Esa familia es la comunión de los santos, y tú ya estás en ella.

Preguntas frecuentes

¿Está la comunión de los santos en el Credo de los Apóstoles? +

Sí. El Credo de los Apóstoles dice: «Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna» (USCCB, Credo de los Apóstoles). El Catecismo entiende la frase como una explicitación de «la santa Iglesia católica» (CEC 946). El Credo niceno-constantinopolitano no la contiene.

¿Las almas del purgatorio forman parte de la comunión de los santos? +

Sí. La Iglesia habla de tres estados de sus miembros: los que peregrinan en la tierra, los difuntos que se purifican y los santos en la gloria (CEC 954). Las almas del purgatorio tienen asegurado el cielo y pueden ser ayudadas con nuestras oraciones, y el Catecismo enseña que nuestra oración hace además eficaz su intercesión en nuestro favor (CEC 958).

¿Pueden los santos oír nuestras oraciones? +

La Iglesia enseña que pueden y que responden. Los santos «no dejan de cuidar de aquéllos que han quedado en la tierra» y «podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero» (CEC 2683). El Apocalipsis muestra a los ancianos del cielo presentando ante Dios «las oraciones de los santos» (Ap 5, 8).

¿En qué se diferencian la comunión de los santos y la fiesta de Todos los Santos? +

La comunión de los santos es una realidad permanente: toda la Iglesia unida en Cristo, en la tierra, en el purgatorio y en el cielo. Todos los Santos, el 1 de noviembre, es una sola fiesta que honra una parte de ella: a todos los que ya están en el cielo. La Conmemoración de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre, es el día dedicado a los difuntos que todavía se purifican.

¿Rezar a los santos sustituye a rezar a Dios? +

No. La adoración se debe solo a Dios, y pedir la oración de un santo es como pedir la de un amigo. El Concilio enseñó que el trato con los santos «de ninguna manera rebaja» el culto tributado a Dios, sino que «más bien lo enriquece copiosamente» (Lumen Gentium 51), y toda gracia que los santos transmiten viene de Cristo (CEC 957).